Heavy Metal ciclista. El puerto de Segart

Si hace unas semanas al puerto de la Frontera le dedicamos una oda, su ascensión melliza, la de Segart, que finaliza a unos pocos metros de donde se corona la Frontera, no merecía menos que un elogio, un ecomio, una alabanza, una loa, como poco un piropo. Y es que Segart es Heavy Metal del bueno, una de esas cotas de montaña en las que muchos incautos que por primera vez la conocieron se las prometían felices, pero en vez de comer perdices, acabaron casi por convertirse en pasto de las lombrices. La cosa comienza suave pero como en los mejores temas metaleros, de repente la sangre se acelera. Rampas brutales. Inclinación que no cesa. Rueda delantera levantada. Las fibras aprietan. Las piernas duelen.

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Para acceder a este puerto al norte de la provincia de Valencia que nos conducirá hasta el Garbí –paraje ya mencionado en el post sobre la Frontera- basta con llegar por la nacional 234 bien desde Estivella por el norte o desde Gilet por el sur. Después encontraremos una rotonda que da acceso a la autovía Teruel-Valencia y al municipio de Segart. Los números engañan si tomamos como referencia el porcentaje medio del conjunto del puerto desde la rotonda de acceso a la CV-329 dirección Segart, localidad que se encontrará en mitad de la ascensión como una especie de línea divisoria entre lo normal y lo inclinadamente anormal. Desde aquí la ascensión cuenta con 9,2 kilómetros al 5%.

 

La primera parte, la suave, discurre por un tramo de carretera con chalés a un lado y otro de la calzada. El asfalto es bueno, el ambiente agradable gracias a la vegetación que, excepto en algunos tramos, ofrece cobijo y frescura al corredor ante los rigores del estío mediterráneo. El porcentaje no es para nada exigente. La pendiente es continua pero las fuerzas acompañan y la bicicleta desliza sin problemas. Con todo y con eso, alguna rampa rondando el 9% ya avisa de lo que está por venir: Heavy Metal de primera.

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Fuente: altimetrias.net

Hasta la población de Segart todo son risas en la grupeta, pulsos tranquilos, platos grandes y miradas de reojo al rodeno abermellonado que protege la subida. 3,5 km. al 4% que sirven de calentamiento y antesala del verdadero calentón. Cruce a la izquierda dirección el Murtal, ligero descenso y baile de cadenas. El corazón bate, suenan las guitarras estridentes, alguien grita, Run to the hills. 4,2 kilómetros al 7% por delante con un kilómetro y medio infernal al 13% diseñado por el más cagaprisas de los cabreros cuando las bicicletas llevaban matrícula y sólo eran para el verano. Las primeras rampas duras, superiores o en torno siempre al 10-12%, todavía bordean el pueblo hasta llegar a un nuevo cruce a la izquierda para no dejar en momento alguno el trazado de la carretera a no ser que uno abandone por Knock Out.

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Los descansos llegan cuando se baja tímidamente de la decena, pero el Heavy Metal continúa y el kilómetro y medio al 13% de media hace que una grupeta se convierta en la Santa Compaña y, como muertos vivientes, dancen y se contoneen sobre sus bicicletas al ritmo que la carretera dicta y el corazón tamborea. Curva ligera a izquierda y la cosa no mejora, suave viraje a derecha y tres cuartos de lo mismo, seguimos con el Heavy. El esfuerzo te ennegrece la visión. Fear of the dark. La rueda delantera sigue despegándose del asfalto, se toca el 17%, cuesta pedalear. Ligero descanso, mirada hacia Oriente. La Calderona muestra su dureza, su estampa más escarpada, impasible, mirando al mar. Ajada y quebrada por el viento. Enrojece aún más con el sol el rodeno, también nuestros rostros. Lo que viene es el remate. I want out. Nueva rampa salvaje, esta vez por un especie de desfiladero. El responsable de este trazado fue, ya sin duda, un cabrero. O un cabrón, ¿quién sabe? Pues hay que, o bien ser buen conocer de los senderos escarpados, o bien tener muy mala idea para construir un tramo con semejante verticalidad.

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Aquí se dispara la cosa hasta el 19%. Welcome to the jungle. Curva a derecha, un poco más de sufrimiento, un poco más de Metal y prácticamente habrá todo acabado. Mirador inigualable en la curva. ¡Cualquiera para a mirar! Eso es para valientes. La ascensión todavía no suaviza, aún quedará alguna sorpresa más hasta coronar en el cruce del Garbí, donde confluyen la prolongación de los Oronets y la Frontera. Un par de rampas al 10-12% y fin del suplicio. A rainbow in the dark. Acaba el Heavy Metal. Nos recogemos la melena, guardamos la guitarra, nos secamos el sudor, cambio de tercio, nuevo baile de cadenas y a bajar con precaución. Segart, duro, allí nos esperará.

6 comentarios sobre “Heavy Metal ciclista. El puerto de Segart

    1. Siempre está el eterno debate entre la Frontera y Segart. La verdad es que ambos son durísimos. Personalmente en la Frontera siempre he sufrido más, pero la última vez que subí Segart lo pasé francamente mal. Supongo que depende del día. Mañana a ver cómo lo suben los galgos jejejeje

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