Todo un clásico. Las Lagunas de Neila

En el extremo sur de los Picos de Urbión, dentro de la provincia de Burgos, aunque cerca, muy cerca del límite con la provincia de Soria y la comunidad de La Rioja se sitúan las Lagunas de Neila, un conjunto de glaciares situados a más de 1800 metros cuya visita es del todo merecida para cualquiera que se adentre en esta seductora parcela de nuestra geografía. Sus aguas oscuras, tranquilas, quedas, casi inertes, hipnotizan la mirada, pausan el ritmo acelerado del mundo que, a su alrededor no se detiene, y son fármaco sin receta para cualquier enfermedad.

Una visita relajada, en coche, entre el frescor de los pinos nos descubrirá una subida con mayúsculascuyas rampas y paisajes la convierten en uno de los puertos más espectaculares del norte de la vieja Castilla. Casi 15 kilómetros de ascensión, en los que a medida que uno se acerca a la cima, la ansiedad por ver el agua, cual oasis en el desierto, se convierte en una obsesión. Y es que se comienza alegre la ascensión pero a partir de cierto punto, uno se siente morir, dejando un rastro de fatiga y sudor, y hacia esta laguna sin fondo, que también guarda bien los secretos -como la célebre y no muy lejana del poema de Machado-, el ciclista se encamina, con una piedra amarrada fuerte a los pies.

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Una de las rampas finales

Cualquier buen aficionado a este deporte habrá pasado alguna tórrida siesta de principios de Agosto frente al televisor, contemplando alguna ascensión a esta cima, situada en una encrucijada entre La Rioja y Soria, con el Pico de las tres provincias como custodio lejano de una ascensión exigente, sombría y cerrada por la vegetación. El nombre de los grandes está escrito con letras doradas en sus temidas rampas. Ilustres vencedores han cruzado la línea de meta que conduce a esta joya glaciar alzando los brazos en la Vuelta a Burgos -una de las carreras UCI españolas de una semana con más solera y repercusión mediática-: Lejarreta, Bugno, Jalabert, Valverde, Samu Sánchez, Landa, Quintana o Miguel Ángel López; el malogrado Chaba Jiménez en la Vuelta a España del 98. Los que gustan de dar pedales conocerán, además, su dureza por la marcha cicloturista que cada mes de Julio organiza por estos lares la Unión Ciclista Burgalesa y que se encuentra, por méritos propios, entre nuestras marchas recomendadas.

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Foto Diego Herrera (@diegoherreraaudiovisuales)

Lejos de sus tiempos, el cicloturista se lo toma con calma. Mejor. Mucho mejor. 15 kilómetros al 5,28% en principio no suenan tan mal. El buen estado del firme hace que la melodía suene todavía mejor, pero, aun así, es más cauto marchar piano piano. La primera mitad de ascensión desde la población de Quintanar de la Sierra es bastante relajada, bien asfaltada e incluso presenta algún tramo de descenso. El paisaje, aunque cerrado, es agradable. Pinada a un lado y otro de la carretera que se intuye discurrir hasta el claro en el que a la izquierda se elige susto descendiendo hacia la localidad de Neila y, si se quiere, hasta Villavelayo, ya en la Rioja, y a la derecha muerte afrontando a fuerza de pedaladas de pundonor los últimos 7 kilómetros. Corral de perros se llama esa parte. No me extraña. Soy consciente de que su nombre se debe a las grandes piedras que como en otros casos conocidos se convierten en perros por la magia del trasegar y el mutar de las palabras –por eso en Despeñaperros no caen canes, sino piedros–, pero sufrir como un perro es lo que sucede a partir de este punto de no retorno.

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http://www.altimetrias.net

Carretera única, de ida y vuelta hasta la cumbre. Los más duros dejan el plato grande. Los mortales se convierten en esclavos del molinillo, en inánimes acólitos del dios Froome. 7 kilómetros hasta la cima. 8% de porcentaje medio. Picos constantes del 13, 14, 15 y hasta del 17%. Y por si fuera poco, traca final. Cuando uno cree que todo ha acabado, que lo peor ha pasado, curva a derechas y asoma un auténtico via crucis final que parece no acabar nunca antes de cruzar los vestigios de la línea de meta blanca, marcada en el suelo, de ediciones anteriores de la vuelta burgalesa.

Al coronar, uno debe asomarse a las lagunas, hacerle una visita obligada, rendirles al menos tributo y pleitesía. Un paraje singular, tranquilo y cerca del cielo. Estamos casi a 1900 metros. Para el descenso se recomienda ser previsor y llevar algo de abrigo, incluso en época estival, pero antes de afrontar la merecida recompensa de la bajada, otra parada obligatoria la tenemos en el mirador. Desde allí los Picos de Urbión al completo, el nacimiento del Duero, La Rioja, Soria y Burgos, paisaje de alta montaña, digno de admirar y conservar en la retina.

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Supporters vacunas

Como curiosidad, cabe reseñar que la ascensión también es posible realizarla desde la vertiente riojana. El tramo final desde el Corral de Perros es el mismo -dejamos nuestro track de Strava con la subida desde Quintanar con bajada hasta Villavelayo y vuelta hasta el Corral de Perros-. La única diferencia radica en los primeros kilómetros. Más cantidad (15 en total), menos dureza (3% de pendiente media). El asfalto deja mucho que desear desde Villavelayo hasta entrar en la provincia de Burgos, pero el río Neila acompañando el trazado de la carretera ameniza el pedaleo y las vacas, esas impertérritas supporters que uno encuentra hasta en los rincones de montaña más insospechados, saludan al paso del corredor. Ellas siguen felices, ajenas a todo el mundo, sin entender, aquí tampoco, nuestra ciclista pasión.

7 comentarios sobre “Todo un clásico. Las Lagunas de Neila

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