Un puerto para disfrutar. Montmayor

En posts anteriores ya hemos elogiado la dureza de las rampas de dos colosos de la Sierra Calderona, un macizo montañoso que delimita orográficamente las provincias de Castellón y Valencia, como la Frontera y Segart. Hoy seguimos explotando los recursos de dicha cordillera para presentaros una ascensión algo más amable, larga, eso sí, pero con menos picos de porcentaje por encima de las dos cifras que los puertos anteriores. Nos referimos a Montmayor, cota de montaña que discurre por la CV-245, entre las localidades de Altura (Castellón) y Alcublas (Valencia).

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altimetrias.net

En la altimetría que adjuntamos en imagen de la popular página altimetrias.net el porcentaje empieza a sumar unos kilómetros más atrás, desde la vecina Segorbe. Y es que los apenas 3 kilómetros que separan ambas poblaciones presentan ya un desnivel medio en torno al 2,5%. Teniendo como referencia este primer punto de salida. La ascensión consta de un total de 16,4 kilómetros con una pendiente media al 3,9% , un desnivel muy constante al que las piernas se acaban por acostumbrar y un sabor a puerto que la convierten en una de las más atractivas subidas en torno a la capital del Turia para quienes gustan de puertos largos y tendidos. De hecho, por estas latitudes no es demasiado habitual encontrarse con ascensiones así de largas, por lo que su longitud es, sin duda, uno de sus principales atractivos.

Tras pasar una zona concurrida de tránsito en la que hay que andarse ojo avizor ante el trasiego de vehículos que salen y entran de las zonas comerciales vecinas y la autovía Valencia – Teruel, el puerto stricto sensu comienza en una gran rotonda a la salida de la población de Altura. A partir de ahí 13 kilómetros hasta coronar el pico más alto de la comarca, que se eleva hasta los 1015 metros de altitud, cantidad nada desdeñable teniendo en cuenta la proximidad de la costa.

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La subida se puede dividir perfectamente en tres tramos condicionados por el estado del firme. El primero de ellos presenta un asfalto inmejorable. 6 kilómetros aproximadamente. Se trata de un tramo de carretera convencional ancho, con algo de arcén, bien asfaltado y abierto a las diabluras del viento. Nuestra ascensión para este relato la realizamos en invierno. De hecho, incluso esperamos ver restos de nieve en lo alto. El viento sopla fuerte, resquebraja la cara y afila los huesos. Al corredor, desamparado, nada le protege. Imaginemos la situación en verano. Pongamos por caso un 15 de Julio rondando el mediodía. Cayendo el sol a plomo. Ideal para entrenar la cabeza. En esta primera sección hay una suerte de mini-ascensión, el Cerro de San Sebastián, que permite descargar las piernas con algo de terreno favorable. Después de esa corta bajada, continúan las mismas características para la ascensión. Puerto abierto, firme perfecto. Eso sí, algún pico cercano al 10% nos obliga a ponernos de pie.

Segundo tramo. La suerte con el asfalto nos abandona. La carretera se vuelve rugosa a nuestro paso. La bicicleta traquetrea. El terreno, de no ser por el asfalto, sería ideal, con curvas constantes a derecha y a izquierda, desnivel permanente en torno al 7%, un poco de protección hacia el sureste garantizada por la falda de la montaña y hacia el noroeste un paisaje espectacular. Hasta donde alcanza la vista todo es nieve en este momento. Estampa inusual. Sólo por ver tal paisaje valdrá la pena la ascensión.

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Zona de aslfalto botoso

La nieve aparece apilada a ambos lados de la calzada. El asfalto es pésimo pero subir por allí sabe a gloria con el manto blanco que se extiende echando un ojo a derechas. Picos del 11%. Trasladémonos al verano. Condiciones climáticas diversas y seguramente también adversas. El sol aquí también debe quedarse a gusto. Alguna sombra que otra pueden ofrecer los pinos y dependiendo la hora del día, incluso el propio talud, pero el puerto continúa desnudo hacia occidente y el viento soplando con cierta intensidad. Así, castigados por el inclemente Eolo arribamos al santuario de la Cueva Santa, un lugar de peregrinaje. Observamos de soslayo el santuario, el via crucis y algunos turistas, que nos miran como aquellas vacas en la Quesera o en Neila se sorprendían extrañadas de nuestro paso. Cuenta la leyenda que allá por el año 1500 y poco en aquel lugar había una cueva en la que la Virgen se le apareció a un pastor de la zona y más tarde la propia Virgen concedió la curación a dos leprosos que, al ser expulsados de la vecina Jérica, allí habían acudido a cobijarse. Los puertos a veces también atraviesan los senderos de la historia. El corredor, sin embargo, no necesita pedir un milagro a la virgen por aquello del asfalto, enseguida volverá de nuevo el asfalto bueno.

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Dejamos atrás la Cueva Santa y comienza la parte final del puerto. 2 kilómetros y medio aproximadamente con un porcentaje que ronda en todo momento el 4%. Hora de disfrutar. El talud de la carretera cambia de lado. Lo había hecho ya unos metros más abajo al encarar el corto descansillo al entrar en el complejo de la Cueva Santa. Aquí protege de poniente. Hacia Oriente, barranco y vistas inmejorables. Echamos la mirada atrás. La Sierra de Espadán con sus crestas al fondo. Hacia adelante, el techo de la Calderona. Y poco a poco y, si el día está claro, uno podrá ver el mar, sus reflejos plateados sobre el Golfo de Valencia en todo su esplendor, con su curva perfecta, la Albufera y sus destellos tierra adentro y el peñón de Ifach cerrando todo el conjunto. El mapa de nuestro territorio, desde aquí, se dibuja sólo. Un balcón al Mediterráneo.

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En esta parte se puede volver al plato grande y mover watios. La bicicleta se desliza y el asfalto nos lleva hasta coronar los 1000 metros. La nieve se mantiene en toda esta parte alta. A pesar de que la carretera está completamente despejada, todavía en la cuneta se amontona el blanco maná. Aquí, en Montmayor se disfruta. Un puerto largo, para tomárselo con calma, pero con ese desnivel constante, es todo un manjar para los gourmands ciclistas. En verano con el calor el pulso se acelerará, pero a ritmo suave, en invierno, el corazón también disfruta. Arriba, fotos de rigor, imágenes para guardar en la retina, toda la costa valenciana comprimida en una imagen. 16 kilómetros después Montmayor coronado. Bajamos y a buscar otro puerto para narrar.

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