Marie-Blanque y Portalet, los dos jueces de la Quebrantahuesos

Cada mes de Junio miles de deportistas venidos desde los más variopintos lugares durante la marcha cicloturista Quebrantahuesos, sin duda una de las más célebres del calendario ciclista aficionado europeo, gastan sus energías pedaleando por estos dos puertos que hoy analizaremos en coronando el puerto: el Marie-Blanque y el Portalet, dos colosos pirenaicos que jalonan y marcan de manera determinante el recorrido de esta clásica cicloturista. El año pasado pudimos vivir en primera persona la experiencia de rodar por aquellas preciosas carreteras. Su dureza en el primero de los casos, su longitud en el segundo, nos llamaron poderosamente la atención. Estas características hacen de estas dos ascensiones los verdaderos jueces de una carrera en la que la sentencia a dictar puede abarcar un amplio abanico de posibilidades: desde la certeza de la consecución del logro a la condena al sufrimiento ciclista más absoluto, golpeado, noqueado, abatido por la exigencia del reto, por la dureza del trazado, que, como se suele decir, coloca a cada cual en su lugar.

Y es que tanto el Marie-Blanque como el Portalet son implacables en este aspecto. Las aspiraciones de todos y cada uno de los participantes en la Quebrantahuesos, independientemente de la calidad y cantidad de su objetivo personal, pasan inexorablemente por cómo se hayan abordado las dos ascensiones pirenaicas que hoy nos ocupan. Dos pruebas dentro de una gran prueba con una muy diferente fisionomía que exigirán el máximo de nuestro rendimiento sobre la bicicleta.

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Gentileza de sportograf.com y la organización de la QH

Marie-Blanque: El primer punto crítico llega con la preciosa ascensión al Marie-Blanque, que, además de ser protagonista en el recorrido de la QH, también es conocida en el mundillo cicloturista por formar parte, al igual que el Portalet, del recorrido habitual de la marcha cicloturista por etapas Pirenaica en su discurrir por la cordillera fronteriza entre España y territorio francés. Hablando de números absolutos, ya se puede intuir su gran dureza: 10 kilómetros al 7,1%. Más aun si tenemos en cuenta que los primeros cinco kilómetros son apenas un aperitivo alrededor del 4% de porcentaje medio, antesala del auténtico muro que se erigirá unos kilómetros más adelante, sobrepasado el ecuador del puerto, cuando de ahí hasta el final el porcentaje se sitúe en el 11%. La carretera se convertirá en interminable y empinado curveo que acabará muriendo en un precioso paso de montaña camino de verdes y apacibles praderas. Los números no engañan.

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Fuente: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=17

El Marie-Blanque debe su nombre, según unos a una damisela local de blanquecina y delicada piel, según otros a los buitres que desde lo alto sobrevuelan la zona en busca de algún corderito indefenso y que reciben idéntico nombre por causa de su blanco plumaje. Blancos, completamente pálidos, como la pobre Marie de la leyenda local, acaban la mayoría de ciclistas por el esfuerzo de una ascensión como ésta que destaca, sobre todo, por la constancia y la continuidad de las rampas en los últimos 4 kilómetros. Los carteles en la margen derecha de la calzada no mienten en su información porcentual. A cada kilómetro se tiene la impresión de haber superado el tramo más duro de la ascensión, pero es que la vegetación, aliada del ligero serpenteo de la carretera, esconde, perversa, al ojo humano el terreno que queda por delante. Sin la concurrencia de la QH se intuye una subida apacible, durísima, pero apacible, de esas en las que el sonido de tu corazón se funde con el de la naturaleza en una cadenciosa melodía que favorece y ayuda a la concentración y a la introspección ciclista. Durante la prueba reina del calendario cicloturista, sin embargo, dependiendo del lugar del ingente pelotón en el que te encuentres, tendrás que pasar regateando y esquivando compañeros completamente clavados, ciclistas que de improviso desfallecen, cuyas piernas parecen no responder, gente sin gasolina. Ánimas languideciendo, vigiladas con atención desde cualquier atalaya sigilosa a un lado u otro de la carretera por esos buitres que allá en sus altas moradas se relamen ante tan abundante cantidad de presas para el banquete.

La clave del Marie-Blanque consistirá en sobrevivir, en realizar la ascensión a un ritmo adecuado a las posibilidades de cada uno, con una buena cadencia y evitando superar el umbral anaeróbico. Prohibido exhibiciones y calentones a 200 pulsaciones. Hay que tener en cuenta que el Marie-Blanque se coronará en esta prueba antes de llegar al centenar de kilómetros, por lo que es importante no dejarse llevar por un ritmo inadecuado ni gastar más energías de la cuenta. El Portalet espera.

Portalet: Tras un breve descenso y un terreno llano picando ligeramente hacia arriba se llegará al Portalet, el segundo de los puntos clave de la QH y, a nuestro juicio, el más importante. En torno al kilómetro 120 dará inicio la ascensión a este coloso pirenaico, un puerto de 28,7 kilómetros al 4,5% de porcentaje medio que, por su longitud, es toda una prueba para la paciencia y la capacidad física de los participantes.

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Fuente: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=16

El Portalet no es una cota dura o exigente, es simplemente una ascensión de esas que se va cobrando su tributo con el paso del tiempo y los kilómetros. No es habitual incluir puertos de estas características en los entrenamientos de cualquier cicloturista a no ser que tenga la suerte de habitar cerca de alguna de las zonas montañosas de cierta entidad que hacen menos diáfana esta península ibérica nuestra. Y aun así, encontrar un puerto de características similares, con una longitud tal, es una tarea harto difícil. En la mayoría de ocasiones la inexperiencia en ascensiones de estas características juega una mala pasada al corredor. Por ello, “cabeza fría y piernas calientes” es el mejor lema que se puede tener en mente a la hora de afrontar esta subida.

En los primeros nueve kilómetros del puerto el porcentaje es bastante suave y tendido, en torno al 3%. Es el tramo ideal para aprovechar para coger ritmo paulatinamente. Merece la pena subir con una buena cadencia, acompasar la respiración al pedaleo y concentrarse en la preciosa carretera que se abre paso entre las montañas. Lo llaman el “puerto del silencio”, por lo que es muy probable que la conversación y el making friends brille por su ausencia. Tras este primer tramo suave vendrán un par de kilómetros (10 y 11 aproximadamente) algo más exigentes en los que el porcentaje subirá hasta el 7%. Aquí será de nuevo capital mantener una buena cadencia y dejar las pulsaciones a un ritmo constante, sin especiales sobresaltos. Si hemos conseguido nuestro ritmo adecuado será un buen momento para ir pensando en comer y beber algo. Todavía nos restará más de la mitad del puerto.

A partir de ahí continuará nuestra ascensión encaramándonos a la presa de Artouste, sin duda una de las partes de más bella factura del puerto. Un poco más adelante dejaremos de discurrir por entre grandes laderas, para seguir ascendiendo por la falda de la montaña hasta coronar. El tramo pre y post presa, entre los kilómetros 11 y 17, se caracteriza por la presencia de algunas preciosas curvas, como la herradura frente al propio gigante de hormigón, por el acompañamiento de un agradable riachuelo a la parte derecha de la calzada y por un porcentaje que, tras haber bajado considerablemente en el kilómetro 11 de ascensión, vuelve a aumentar para situarse alrededor del 5% de media. Tras ello, hacia el final del lago contenido por la presa comenzará un descansillo de un par de kilómetros que nos servirá para tomar aire, beber, comer algo dependiendo de nuestras sensaciones y afrontar con garantías la última parte de la ascensión. Quedarán todavía unos 9 kilómetros hasta el final del puerto, con un porcentaje que se situará en torno al 6% de media, y que nos exigirá, por lo tanto, un puntito más.

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Presa de Artouste. Gentileza de sportograf.com y la organización de la QH

Es sobre todo en esta última parte del puerto donde realmente las energías pueden empezar a fallar. Llevaremos prácticamente 20 kilómetros de ascensión. La dosificación de esfuerzos se vuelve particularmente importante. Cada uno ha de ser consciente de sus limitaciones. A medida que se acerque el final del puerto, el ritmo se podrá acelerar. Después vendrá una larga bajada hasta afrontar Hoz de Jaca, cuyas rampas, a pesar de la dureza ya no habrán de asustar a nadie. Eso sí, de nuevo será importante no olvidarse de hidratarse y de comer algo en el descenso.

Una vez acabado el recorrido, se podrá volver la vista atrás y atesorar en la memoria cada metro de estas dos ascensiones protagonistas de esta gran marcha cicloturista. Marie-Blanque con su dureza, Portalet con su distancia aguardan un año más. Un binomio inseparable, el ying y el yang, una noche corta e intensa y un día largo y tendido, un juez iracundo e implacable y otro paciente e imperturbable, así son estos dos magníficos puertos, aquellos que dictarán sentencia una vez más en la QH.

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