L’Ariégeoise 2017. Un recorrido durísimo con sabor a Tour de Francia

El pasado Sábado 24 de Junio se celebró l’Ariégeoise, la primera marcha internacional en la que participábamos en coronandoelpuerto.com. Un evento que fue capaz de reunir a más de 5000 participantes de muy diferentes nacionalidades. La marcha, que cada año ofrece un itinerario diferente, proponía para la edición 2017 cuatro recorridos saliendo desde la localidad francesa de Tarascon-sur-Ariège entre los cuales, los participantes pudieron elegir entre l’Ariégeoise XXL (170 km con 4500 de desnivel), l’Ariégeoise (160 km con 3400), la Mountagnole (108 km con 2600) y la Passéjade (73 km con 915), éste último circuito abierto también a bicicletas con asistencia eléctrica. Tan amplia gama de posibilidades suponía un reto organizativo, pero al mismo tiempo facilitaba la inscripción de grupos numerosos para que cada cual, según sus capacidades, optara por un recorrido más o menos exigente.

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Recorrido original de la prueba

Con esta posibilidad de elección, nos repartimos entre la Mountagnole y l’Ariégeoise XXL. El recorrido era parcialmente el mismo con pasos compartidos por el Col de Port, de Sarraillé y de Lers, dejando el Col de la Core y el final en alto en el temido Goulier Neige para la versión XXL, que narraremos en primera persona.

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El río Ariège a su paso por Tarascon

Tras unos días de intenso calor en el Pirineo, el sábado el cielo amanecía cubierto y las altas cumbres se confundían con la bruma como en un océano de nubes que amenazaba con romper a llover casi de manera inevitable en algún momento del recorrido. En mi caso afrontaba los 170 kilómetros y más de 4000 metros de desnivel sin las garantías de una buena preparación a causa de una inoportuna lesión que me había tenido en el dique seco prácticamente un mes. Aun así, en los días previos el dolor había desaparecido y, por lo menos, podría disfrutar a otro ritmo y con otro nivel de exigencia de una prueba que prometía ciclismo de muchos quilates.

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Imagen de la salida

A pesar de que el recorrido había tenido que ser modificado apenas un par de semanas antes de la prueba, por los desprendimientos que mantenían cerrado el Col d’Agnes, la agilidad y diligencia de la organización había propiciado que el número de kilómetros y el desnivel acumulado de la prueba pudieran mantenerse sin problemas al incluir la ascensión al Col de Sarraillé. La marcha arrancó con puntualidad y sin apenas tiempo para calentar comenzaba la ascensión al Col de Port. Con 15,5 kilómetros al 4,6% esta primera cota del día iba a servir para quitar la carbonilla e ir fragmentando el nutrido pelotón que a cada rampa se iba deshojando. Poco a poco fui cogiendo ritmo, sin forzar demasiado por miedo a la respuesta de las piernas y a todo lo que quedaba por delante, y tras el descenso conseguí entrar tirando junto con otro corredor de un nutrido grupo de participantes. Éramos conscientes de que era necesario enlazar con el grupo que por delante comenzaba a apretar los dientes para afrontar con garantías y ahorrando energías al máximo los más de 30 kilómetros llanos que esperaban hasta el Col de la Core, donde de nuevo la carretera se encaminaría hacia las nubes que se empeñaban en cubrir las montañas.

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El Col de la Core entre las nubes

A un muy buen ritmo, apenas unos segundos peor que el grupo cabecero según las referencias de Strava, nos encaminamos hasta el primer avituallamiento sólido en el kilómetro 68 en Engomer. Como me había autoimpuesto que debía tomarme con calma la prueba y no forzar lo más mínimo, realicé parada técnica, cogí algo de comida y de repente todo el mundo había desaparecido. Así, prácticamente en solitario, reflexionando en mi interior sobre la vida y la movida, comencé la segunda ascensión del día, el Col de la Core, de 15,3 kilómetros al 5,3%. Aquí seguí confirmando que no hubiera dolor alguno. Una lluvia fina comenzó a hacer acto de presencia y el verde del paisaje se convertía en invisible a causa de las nubes que a medida que ascendíamos se hacían más y más compactas.  Al coronar, uno se sentía como en el Tour de Francia, en uno de esos días de lluvia y niebla en la cordillera pirenaica, en los que se escriben las grandes gestas de la historia de este deporte. Con algo de fatiga en las piernas tras la inactividad por lesión, en la bajada decidí seguir a un grupeto que viraba con soltura sobre el asfalto mojado. En este aspecto la organización merece un reconocimiento especial, ya que todas y cada una de las curvas en las que podría darse alguna situación de peligro para los participantes estaban perfectamente señalizadas.

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Imagen de uno de los avituallamientos sólidos

Tras el descenso del Col de la Core, era consciente de que íbamos a embarcarnos en un continuo subeybaja de puertos infinitos que nos conduciría al Col de Sarraillé y de Lers para finalmente acabar en el Goulier Neige. Hasta el Col de Sarraillé de nuevo quedé prácticamente en solitario, aquí encontré la colaboración de una corredora, Laetitia Condouret, que a la postre finalizaría segunda en categoría femenina en el recorrido de l’Ariégeoise. A relevos fuimos haciendo camino hasta que desde atrás nos dio alcance un tercer participante que también se agregó al esfuerzo compartido. Al llegar a la localidad de Ercé, la carretera se puso violenta. Las rampas rondando el 13% bordeando la iglesia de Notre-Dame de la Mourède hacían resoplar a más de uno y a otros les hacían dudar entre continuar y afrontar humanamente lo que quedaba por recorrer o aparcar la bicicleta, postrarse ante el altar y suplicar divinamente por el fin de aquel calvario. En los 9 kilómetros de ascensión al Col de Sarraillé los participantes de l’Ariégeoise y la Mountagnole comenzaron a fusionarse. La carretera era un auténtico rosario de corredores que afrontaban una ascensión diferente al resto, al presentar zonas de rampas duras que alternaban con descansillos e incluso con alguna zona de descenso, rompiendo así la tónica general de ascensiones largas, tendidas y constantes que marcaban el resto de puertos.

En esta tercera ascensión del día la falta de forma comienza a pasar factura, pero al no haber dolor sigo pedaleando sin problemas y disfrutando del ambiente y el paisaje. En la cima de cada puerto había un punto de avituallamiento líquido. Rellenado de bidones, trago de agua, un poco de comida a la boca y para abajo. En el descenso voy superando a corredores que me habían adelantado subiendo. Hoy es el mundo al revés. Normalmente en las marchas suelo ser yo el que pasa a compañeros para arriba y luego es cazado en el descenso, pero el buen estado del firme y la buenísima señalización animaban hasta al más timorato a coger velocidad y disfrutar, siempre con precaución, con la pendiente para abajo.

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Descenso del Col de Sarraillé

Con cuatro puertos ya haciendo mella en las piernas, llego al segundo avituallamiento sólido, en Massat. Hay queso y embutido de la región, evito tentaciones para no padecer ningún tipo de molestia estomacal y me decanto por la fruta, los frutos secos y algún dulce. Hay que intentar reponer fuerzas al máximo. En unos pocos kilómetros comenzaba el Port de Lers (11,6 km al 5,6%). De nuevo las nubes nos aguardaban a pocos kilómetros de comenzar la ascensión. Postal ciclista idílica. Corredores a un lado y a otro, delante y detrás. El silencio dominándolo todo excepto en casos aislados. La concentración se mascaba en el ambiente. En la parte final, ya sin casas, sólo las verdes praderas y las vacas contemplaban el sufrimiento y los retos personales de cada uno de los corredores. La quietud la rompía solamente el mugir de alguna vaca algo contrariada, que parecía animar, a su manera, nuestro pedaleo. En la cima nueva parada, fotos para el recuerdo, intercambio de impresiones con un par de compañeros de Bilbao que iban como un tiro y de nuevo para abajo.

La bajada del Port de Lers hacia Auzat la habíamos reconocido el día anterior. La niebla seguía proporcionando un sabor a Tour de Francia que lo impregnaba todo. Me abrigué y me lancé hacia abajo, de nuevo adelantando a los más prudentes y siguiendo la estela de los que circulaban por la vía rápida. El nivel de batería estaba en rojo desde hacía varios kilómetros y por si fuera poco había calculado mal la comida, pero tenía entre ceja y ceja acabar como fuera arriba en el Goulier Neige, a pesar de tener siempre la opción de virar a derecha, acabar l’Ariégeoise, y dejar la talla XXL para otra ocasión. El reto es el reto y sin dolor en la zona que me había tenido sin tocar la bici durante semanas no iba a tirar la toalla. Quedaba “sólo” el Gouiler Neige.

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Corredor cruzando la meta en el Goulier Neige

Este puerto era una ascensión inédita, una de esas cotas pirenaicas que acaba en una carretera sin retorno. 9 kilómetros que tardé en ascender una hora entera de reloj, con pausa, mucha cadencia, con sensación de hambre y al 0% de energía. En el principio de la ascensión encontré a Manel, del club de Sant Cugat. Charlábamos sobre nuestras impresiones en la prueba mientras el desnivel se consolidaba en el 9% y de ahí no bajaba hasta la mitad del puerto. Ahí un breve descansillo. En las herraduras se divisaban majestuosas las montañas de la zona. Verdes praderas, alguna torre de algún campanario. Paisajes bucólicos. Corredores pataleando delante y detrás. A partir de ahí y hasta arriba silencio absoluto. Cada cual con su respiración, su cadencia, sus cosas ciclistas y por fin entre la niebla, a lo lejos, se intuía un cartel amarillo indicando el último kilómetro. Unos minutos más adelante se oían aplausos y, como en las etapas de alta montaña del Tour, hasta poco más de 200 metros de la meta no se veía prácticamente nada. Las nubes habían engullido el arco de meta y se adueñaban de la cima de la montaña. Al final, los 9 kilómetros de puerto a prácticamente el 8% pasaban una dura factura, pero la satisfacción del reto conseguido y el buen ambiente que se respiraba allí arriba valían la pena. Allí de nuevo me encuentro con Manel y con François, el compañero que había hecho el último esfuerzo para cerrar el hueco y entrar en el gran grupo tras el descenso del Col de Port. Llego el 341, bajando, por lo menos, de las 8 horas. El avituallamiento final antes de la bajada controlada por la organización hasta la zona de reposo y recreo en Auzat es todo un detalle. Aquí sí que me lanzo como perro famélico al fromage y al embutido. Me coloco unos periódicos para evitar resfriados, y reencuentro con amigos en la zona de comida. Me cuentan que la Mountangole les ha encantado, que han sufrido, pero que al mismo tiempo lo han pasado genial. Buen testimonio de ello son las fotos que ilustran este post. Allí me entero que nuestro amigo Javi Rosado había conseguido acabar en sexto lugar en l’Ariégeoise XXL. De hecho, no es el único español entre los 10 primeros de la XXL. Oriol Colomé ocupa el tercer cajón del pódium, Marc Llobet  entra quinto, Bernat Cañellas octavo y Carlos Barredo Santamaría cierra el top ten. Y por si fuera poco, en la XXL, en categoría femenina Nuria Surià se alzó con la victoria, seguida de María Gómez Parla.

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Parking de bicicletas en la zona de la comida

Desde el punto de vista técnico es necesario destacar la dureza de la prueba. Hay que tener en cuenta que con cada ascensión de estas características por longitud y pendiente media es muy fácil acumular metros y metros de desnivel. La organización de la prueba fue excelente en la coordinación, diseño y señalización del recorrido. No es fácil ofrecer a los participantes la posibilidad de elegir entre cuatro recorridos diferentes y en ningún momento hubo problemas en este sentido. En este punto es clave también destacar la labor la Gendarmería, ambulancias, motos y coches de enlace y voluntarios que velaron en todo momento por la seguridad y el goce de los ciclistas. En la mayoría del trayecto la carretera estaba cerrada al tráfico y donde no lo estaba, éste estaba muy controlado. Además, ya hemos destacado la señalización de las curvas peligrosas u otros elementos inesperados en la calzada como incluso la existencia de barro en alguno de los márgenes. Los avituallamientos líquidos eran numerosos, uno en cada cima de puerto, y los sólidos abundantes con productos de la región y variedad para todos los gustos. Encomiable también, de 10, como la valoración general de la prueba, fue el trabajo de los voluntarios, siempre atentos a las necesidades de cada participante. Además, a lo largo del recorrido la presencia de público era bastante notable, demostrando por qué en aquel rincón de Francia se vive el ciclismo de otra manera.

Por último, el día acompañó e hizo las delicias de los más aficionados a este deporte, de aquellos que desde la infancia han visto cómo los corredores aparecían de entre la niebla para coronar el puerto y alzar los brazos al cruzar la línea de meta. Por todos estos motivos y por alguno más que seguramente nos podamos dejar en el tintero l’Ariégeoise merece ser considerada como una de las mejores marchas cicloturistas del calendario y estar entre nuestras marchas recomendadas. Además debe estar, sin duda, entre las 5 más importantes en las que un corredor de español puede participar debido a su cercanía con la frontera entre ambos países. En definitiva, l’Ariégeoise es una marcha con un sabor genuino a Tour de Francia, cuyo recorrido para el 2018 esperamos con expectación. À la prochaine!

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CLASIFICACIONES

L’Ariégeoise XXL – General

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 LE COURT DE BILLOT, Olivier 5:36:03 29,99
2 PILLON, Sébsatien +26 29,96
3 COLOMÉ, Oriol +6:44 29,41
4 LAPANDERIE, Ghislayn +9:01 29,21
5 LLOBET, Marc +13:35 28,83
6 ROSADO, Javier +19:18 28,37
7 PONT, Patrice +19:28 28,35
8 CAÑELLAS, Bernat +20:13 28,29
9 KERBORIOU, Julien +24:11 27,98
10 BARREDO, Carlos +26,29 27,80

Ariégeoise XXL – Categoría Femenina

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 SURIÀ, Nuria 7:02:07 23,88
2 GÓMEZ PARLA, María +31:48 22,21
3 CARRIE, Marion +34:41 22,07

 

Ariégeoise – General

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 ROBIN, Christophe 5:06:07 31,36
2 CHATELET, Lionel +3:23 31,03
3 NOYES, Adrien +3:34 31,01
4 LAFFONT, Guillaume +11:41 30,21
5 HOLECECK, Yvan +17:06 29,70

Ariégeoise – Categoría femenina

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 BOUILLER, Sandrine 6:10:26 25,92
2 CONDOURET, Laetitia +18:05 24,71
3 NOGUE, Laurence +27:56 24,10

 

Mountagnole – General

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 GAY, Guillaume 3:24:54 30,74
2 DEGEILH, Géremie +36 30,66
3 GARCÍA, Maxime +1:21 30,54

Mountagnole – Categoría femenina

Pos. Corredor Tiempo Velocidad
1 VICTOR, Christelle 4:03:23 25,89
2 CHABAUD, Mathilde +3:59 25,47
3 DUNCAN, Suzy +5:23 25,32

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2 comentarios sobre “L’Ariégeoise 2017. Un recorrido durísimo con sabor a Tour de Francia

  1. No sabría decidirme sobre que es más épico… si la marcha o la crónica. En cualquier caso no tengo porque decidir!!! Me quedo con los dos! Bravo!

    Me parece la mejor marcha que he participado a nivel de organización. Además, el día hacía que pareciera una etapa de tour total.

    Por otra parte a partir de ahora tengo claro el criterio que voy a seguir para apuntarme a marchas: solo aquellas que están respaldadas por un club… es decir, QH (incluso), Ariegeoise… en otra medida Cella, Gudar, Ayora, Classica dels Murs (Cervera, BRUTAL)… todas estas mantienen el ciclismo y sus valores como epicentro del evento. Por otra parte,Mussara, Cambrils, GF Barcelona… solo es un negocio donde el ciclista es un número que vale 60€… lo tengo clarísimo.

    Beers&wheels

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