Bienvenidos al infierno. El Mas de la Costa

A los pies del Peñagolosa, el punto más alto de la montañosa provincia de Castellón y segundo de la Comunidad Valenciana, nace una de las subidas más temibles y explosivas del panorama nacional: El Mas de la Costa. Esta corta, pero explosiva ascensión, fue descubierta hace unos pocos años por los organizadores de la Vuelta Ciclista a España que con su nueva política de descubrimiento de cimas con rampas imposibles presentaban ante el gran público esta subida que recuerda por su longitud y dureza a la también durísima Bola del Mundo, temible añadido al puerto de Navacerrada, aunque tanto en kilometraje como en porcentaje medio el puerto que hoy nos ocupa muestra números aun más impresionantes.

MasCosta
Fuente: http://www.altimetrias.com

Como en otros puertos que hemos analizado en nuestra web (Las Lagunas de Neila, Marjana), el Mas de la Costa es una subida que no tiene continuidad. Es sólo un camino de ida que hay que deshacer para volver a la carretera que sale desde el municipio de Lucena y desde la que arranca esta ascensión de 4 kilómetros con un porcentaje medio del 12,4% y rampas que superan en diferentes tramos de la ascensión el 20% de desnivel. Por ese motivo, en nuestra monstruosa ruta, que diseñamos para acumular algo más de 4000 metros de desnivel rodeando al Peñagolosa, decidimos hacerlo al principio, con las piernas frescas, conscientes del calvario que supondría dejarlo para más tarde.

En 2016, en la única ocasión en que, hasta el momento, la Vuelta a España ha acabado en este lugar, ganó el escalador suizo Mattias Frank, en una edición que coronó al colombiano Nairo Quintana como vencedor final. Los hachazos de los profesionales y el ritmo endiablado con que afrontaron la subida no pueden ser una referencia para el colectivo cicloturista. No nos engañemos. Es necesario estar en una mínima buena forma para poder afrontar esta subida sin sufrir más de la cuenta en cada una de las rampas de este puerto en el que se salvarán prácticamente mil metros de desnivel acumulado. Y ya, si se puede, contar con un desarrollo adecuado. Un 34 en esta subida se agradece.

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Panorámica de toda la ascensión desde la parte final

Desde la población de Lucena los carteles hacia el Mas de la Costa dan buena cuenta de la enorme expectación que despertó esta subida en el año 2016. Tras un terreno picando hacia abajo llegamos al cruce a izquierdas por el que ascender a ese caserón que vigila lo alto de este puerto, al cual da nombre. El inicio de la cota se reconoce muy pronto. En el suelo, pintado en letras blancas, una gran proclama indicando el inicio del infierno nos dará una amable y hospitalaria bienvenida, poniéndonos en sobreaviso de lo que se nos viene encima.

Dante Alighieri, en su Divina Comedia, concebía el infierno como una especie de embudo con diferentes niveles o círculos a lo alto del mismo, en esos nueve círculos que lo integraban representaban los ocho pecados capitales -para algunos pensadores medievales eran 8 y no 7, como en la peli de Brad Pitt-, a los que había que sumar el limbo, primer nivel del infierno donde estaban los paganos y no bautizados. En el Mas de la Costa el infierno tiene pinta de rampa de hormigón apuntando hacia el cielo, abriéndose paso abruptamente por entre rocas y pinos hasta coronar 4 kilómetros más arriba para dominar con la vista buena parte de la comarca. Todo un tormento para cualquier pecador de la pradera.

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Parte inicial del puerto, antes del buen asfalto

El puerto se puede dividir claramente en tres sectores según la calidad del firme. Primer tramo de asfalto bueno, aunque ya envejecido, segundo de asfalto impecable y tercero y más largo y duro: zona de hormigón. En el primer tramo nos encontraremos muy pronto con rampas superando el 15% con picos de hasta el 18%. En realidad, en esta ascensión sorprende la constancia de unas rampas tan duras y la ausencia de tramos de descansito, más allá de algunos metros en los que el porcentaje fugazmente baja del 10%. Superamos el primer kilómetro a una pendiente media del 11,6%, y en el siguiente no encontraremos un atisbo de reposo. En el tramo asfaltado los porcentajes se mantienen, un gran cartel nos recuerda donde estamos, por si con las pulsaciones rondando los 180 nuestro cerebro no fuera capaz de procesar informaciones externas y perdiera todo contacto con la realidad. En este segundo kilómetro el porcentaje sube hasta alcanzar el 13,6%, rampas durísimas nos aguardan en el tramo final, con el cambio al hormigón y la entrada en los últimos dos kilómetros, una auténtica pesadilla para el cicloturista pasado de kilos con un porcentaje del 12,2%, con rampones en los que las cifras se dispararán hasta el 20 y el 22%.

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Cambio de asfalto

Tercer kilómetro. Encontramos aquí una de las zonas más pesadas, con una sucesión de herraduras durísimas que desembocarán en una tortura aun mayor para nuestra moral: una larga recta, antesala del kilómetro final donde el porcentaje de nuevo se dispara muy por encima del 15%. Poco a poco vamos limando metros y entramos dentro de los últimos mil. Aquí encontramos un pequeño descansillo antes de afrontar el curveo final para coronar. Apretamos los dientes, desde abajo esta subida se afronta prácticamente con todo metido, por lo que no hay que preocuparse en demasía por que los piñones no entren con soltura. Como mucho utilizaremos uno o dos. La cadencia es la clave. Último giro a derecha y para acabar el infierno nos reserva unos últimos metros con picos de hasta el 22% con los que acabar de agotar todas las reservas de energía. Se oyen gemidos y gruñidos de las almas pecadoras. Estamos ya casi arriba. Coronamos y la foto, aquí sí, es más que obligada.

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La expedición al completo

Con calor, el infierno quema más. Ojo a aventurarse en esta subida en días de verano más allá de ciertas horas. La ausencia de vegetación, tan sólo paliada en algunos puntos de la ascensión, entre ellos, la parte final, es un factor a tener en cuenta. Además, hay que extremar la precaución en la bajada. Es habitual encontrarse pequeñas piedras desgajadas de las paredes de roca que protegen la subida y los brazos y las manos acabarán por doler a causa de tanto frenar. Una dificultad añadida más a este infierno ciclista en el que sufrir una gloriosa condena sobre las dos ruedas de nuestra bicicleta.

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La última curva. Para relajar

 

8 comentarios sobre “Bienvenidos al infierno. El Mas de la Costa

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