Un puerto que sabe a ciclismo de los 90. La Cruz de la Demanda

Ahora que lo retro y lo vintage está más de moda que nunca, en Coronando el Puerto queríamos rescatar del olvido uno de esos puertos míticos que sin saber muy bien por qué, desde hace algunos años parecen haber desaparecido de los planes de la gran ronda española. Nos referimos en este caso al alto de la Cruz de la Demanda, cerca de la preciosa localidad riojana de Ezcaray, situado en un recóndito rincón al borde del Camino de Santiago, con un trazado y una calidad paisajística que hacen que merezca la pena escaparse hasta aquellos lares bici en mano.

Demanda altimetrías
Fuente: altimetrias.net

El alto de la Cruz de la Demanda es uno de esos puertos que conduce a ninguna parte. En realidad todo camino lleva a algún lugar, a Roma dicen que guían todos, pero lo cierto es que el asfaltado acaba en lo alto de aquella montaña en plena Sierra de la Demanda, trazando la línea fronteriza entre la comunidad de la Rioja y la de Castilla León. Esta peculiaridad se da en bastantes puertos de nuestra geografía, algunos ya revisitados en nuestra web como las Lagunas de Neila, Marjana, el Mas de la Costa o la Bola del Mundo. Este hándicap suele dificultar, sin duda, su inclusión en pruebas ciclistas del calendario profesional, ya que, en caso de utilizarse, siempre debe hacerse como final de etapa. Éste, precisamente, era el caso de la aparición de la Cruz de la Demanda en las Vueltas a España de los 90, en esta década tres fueron las veces que la Vuelta acabó allí una de sus etapas, normalmente viniendo de lejos, de tierras cántabras o de la vecina Navarra, con más de 200 kilómetros en algunos casos. La Cruz de la Demanda tenía algo especial, era un amuleto, un talismán, un augurio de los más favorables, quien ganaba allí, acabaría adjudicándose la victoria final en la ronda hispana, así sucedió en el 93 y el 94 con Rominger y en el 96 con Alex Zülle. Cierto es que los 3 eran suizos y que quizá por eso la tradición se rompió la última vez que a esta mítica cima riojana acudió una etapa de la Vuelta en el 2001, con victoria parcial del malogrado Chaba Jiménez y final de Ángel Casero.

Cruz de la Demanda
Chaba Jiménez entrando en meta en 2001 (Fuente: larioja.com)

Desde entonces, la Cruz de la Demanda sigue allí, solitaria, azotada por el viento, esperando que en alguna próxima edición, alguien haga memoria y recuerde los buenos momentos vividos en este puerto de 15,6 kilómetros al 5,7%, que presenta dos caras distintas, al igual que aquella chica de la canción de los Secretos. Saliendo desde Ezcaray por la LR-451 llegaremos a la localidad de Posadas, remontando el río Oja, cuyo nombre bautizó toda la tierra riojana famosa por sus buenos caldos. El río a nuestra izquierda nos va marcando el camino. El día escogido en nuestra exploración no puede recordarnos más ese ciclismo noventero que destila cada uno de los poros del rugoso asfalto que nos espera nada más atravesar la población de Posadas: día cerrado, niebla en lo alto, verdes arboledas en las faldas de las montañas que, como un embudo, dan cobijo al río Oja y, por supuesto, el inefable ruido del agua al caer.

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Comienzo del puerto tras abandonar Posadas

 

Comenzamos la ascensión. La primera parte de la misma (primeros 8 kilómetros) se caracteriza por ser suave con algún kilómetro duro, como el tercero, en torno al 6% con alguna rampa por encima de los dos dígitos, e incluso con algún tramo de falso llano picando en algún tramo ligeramente hacia abajo. Poco a poco notamos que hemos ido alcanzando altitud, pero aún queda la parte más exigente, aquella que nos conducirá hasta superar los 1800 metros de altitud en la cima de este coloso riojano. En realidad, esta parte del puerto resta bastante porcentaje al mismo, si contáramos tan sólo los últimos 7,5 kilómetros, el porcentaje medio se dispararía al 8,7%. Palabras mayores.

El punto de inflexión lo encontramos nada más pasar un área recreativa junto al río, cuyo cauce habíamos perdido de vista unos kilómetros más atrás. Una tubería verde por encima de nuestras cabezas indica el inicio de un auténtico muro al 14%, con el asfalto en peor estado aun, que se sostiene durante unos metros con curveo incluido para mantener la pendiente media de este kilómetro inicial de la parte más exigente por encima del 10%. Sin embargo, la pendiente se mantendrá constante por encima de la dos cifras y bajando ligeramente al 9% en los mil metros siguientes. La constancia del porcentaje sorprende, el asfalto agarra y la altitud comienza a notarse al echar un ojo a nuestra espalda. Por delante, sólo nos queda la nada más absoluta, la niebla lo cubre todo. El tercer kilómetro nos da un respiro, la cosa suaviza, pero la niebla se espesa, el casi inexistente tráfico en todo el recorrido nos hace poder circular tranquilos. Seguimos hacia adelante, divisando las formas de la carretera que, poco a poco, aparecen con extrema lentitud ante nuestros ojos, como apacibles fantasmagorías, volvemos a adentrarnos en territorio comanche. Hasta arriba ya todo será muy constante. El sabor a alta montaña es innegable, a ojímetro, trescientos metros de recta, herradura a izquierda, trescientos metros más y herradura a derecha. El abanico de cifras indicando el porcentaje no baja más allá del 7%, el 9 parece ser el número de la suerte en esta ascensión.

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Parte final (y dura) de la ascensión

Seguimos escalando y la bruma nos envuelve, el 9% domina los últimos dos kilómetros. No podemos ver prácticamente nada del paisaje que, a buen seguro, parece ser espectacular unos metros más abajo. Llegamos al último kilómetro, todavía pica con ganas hacia arriba, y la carretera discurre sobre la cresta de la montaña, el viento sopla fuerte de costado, empuja a la niebla hacia la cumbre, la hace surgir como un mágico efluvio, dibujando formas imposibles al disiparse al no tocar superficie. Comenzamos a ver el final, marcando por el fin del camino asfaltado. Un último esfuerzo y coronamos. La recuperación la haremos en Ezcaray, donde disfrutar de un paseo por sus tranquilas calles y plazas porticadas o a la orilla del río Oja y reponer fuerzas tras el desgaste allá en la sierra con unas reconstituyentes patatas a la riojana o unas buenas chuletillas. Con una de esas gorras tan de moda en los años 90 nos abrigamos antes de bajar con la boca haciéndosenos agua, pero, sobre todo, reteniendo en la memoria cada una de las rampas y las curvas de este puerto que, esperemos, vuelva a vivir días de vino y rosas en los años venideros.

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Preciosa panorámica del puerto (Fuente: http://www.alucherosdelpedal.com/puertos/centro/110-alto-de-la-cruz-de-la-demanda-1855-mts.html )

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