Navafría por Lozoya. Un puerto para perderse (y entretenerse)

En el valle del Lozoya, en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama encontramos una puerta abierta al paraíso ciclista, un lugar sin igual desde el que acceder a toda una serie de pasos de montaña a muy pocos kilómetros de la capital de España. Dejando de lado el mítico puerto de Navacerrada (y la temida Bola del Mundo) que analizamos en esta web hace algunos meses, el valle del Lozoya nos propone un plácido paseo entre embalses con diferentes posibilidades de ascensión a gusto del consumidor. Canencia, Lozoya-Navafría, Morcuera o Cotos forman el abanico de opciones que se despliega ante nuestros ojos.

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Fuente: altimetrias.net

De entre ellos, hoy nos ocuparemos del puerto de Lozoya, o de Navafría, según se utilice como nomenclatura la localidad que, debajo de cada vertiente de esa montaña fronteriza entre las provincias de Madrid y Segovia, da inicio a la ascensión. Por el lado madrileño, el sur, el que analizaremos en esta ocasión, desde la tranquila población de Lozoya arranca esta bella cota de 11,5 kilómetros con un porcentaje medio del 5,5% protagonista habitual de la marcha que cada mes de agosto organiza Perico Delgado en la cercana Segovia. Por el lado norte, desde Navafría, encontraremos números similares (11 km), con un porcentaje medio más constante y apenas más suave (5,25%).

Desde Lozoya, arrancaremos nuestro recorrido por la M-604, carretera que une las dos localidades antes mencionadas. A orillas del embalse de Lozoya, pronto, muy pronto, iremos dejando atrás el núcleo de población y con un firme en perfecto estado y con apenas tráfico de vehículos a motor nos iremos adentrando en el puerto. Aquí el ciclista se funde y confunde con la naturaleza del lugar, rodeado de pinos serranos y de animales salvajes -ojo en la bajada a los saltarines corzos- que se cobijan en aquellas faldas y que, de vez en cuando, en las horas solitarias de la aurora y la caída del sol cruzarán ante nuestros ojos en algunos puntos del trazado.

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Lozoya y el embalse al fondo

La ascensión comenzará de manera suave, adquiriendo entidad poco a poco. Al inicio obtendremos una vista inmejorable de Lozoya y el embalse al fondo. Bonita estampa a retener en la memoria con los tibios rayos del sol reflejando en el espejo de las aguas del deshielo invernal. En estos primeros 3.000 encontraremos un porcentaje rondando el 5%. El frondoso bosque se irá cerrando poco a poco a nuestro paso para encontrar rampas más duras a partir del kilómetro 3, donde, con preciosas herraduras, subiremos la apuesta hasta el 10-12%, para suavizar ligeramente en los siguientes kilómetros. Aun así la parte central del puerto se convertirá en el tramo más duro a superar, con otro kilómetro duro, cercano al 7,5% de porcentaje medio con 6 kilómetros de ascensión.

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Una de las curvas duras del trazado

La respiración aquí se irá mezclando suavemente con el canto de los pájaros que despiertan con el acelerar de pulsaciones. Superado el tramo más duro, a partir del kilómetro 7, tendremos un kilómetro algo más ligero, una zona en la que, si se quiere, con fuerza, se podrá apretar los dientes, cargar el plato grande, disfrutar de las sombras que mantienen el fresco noctámbulo del asfalto y afrontar los últimos 4 kilómetros y medio con la mejor de las sonrisas de esfuerzo. De hecho, al final, los últimos 500 metros mostrarán un descenso significativo del porcentaje que hará las delicias de los amantes de los sprints por puntos y todo ello sin que apenas haya penetrado el sol. El ciclista se siente protegido, cobijado, la vegetación le protege y la tímida luz de la aurora de rosáceos dedos teñirá la carretera de un atrayente estampado cromático en el que dejarse llevar hasta el final.

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Cima del puerto a más de 1700 metros de altitud

Al coronar siempre se tendrá la opción de entrar en territorio castellano y descender hacia Navafría, quizá para volver a disfrutar de este puerto por su vertiente norte. Si se prefiere bajar de nuevo a Lozoya, las posibilidades volverán a abrirse y unos kilómetros más allá, hacia el este o el oeste encontraremos las arterias para poder ascender hasta el corazón de Guadarrama, un lugar para perderse, pero también y con nuestra amada bicicleta, para entretenerse.

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